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sábado, 14 de enero de 2012

"Me ofrecieron 75.000 euros pero el disfrute de tenerla es el autentico valor"

  Primero entra por los ojos, dice el refrán. Y los vinos son un claro ejemplo. Dos motivos son los que atrapan a un cliente frente a una góndola sin conocer el vino: la botella y la etiqueta. En esta última nos vamos a concentrar.  Porque nuestro personaje de la fecha es José Luis Silleras, un español que todos los días disfruta de su colección de etiquetas de vinos. Todo comenzó compartiendo un Vega Sicilia entre amigos. Gustó la etiqueta y hasta la fecha no paró.  Famoso ya en el rubro, ex banquero y actual jubilado, asegura que tiene alrededor de 80.000 ejemplares. Nació el 18 de marzo de 1943 en Valencia pero ya casi es un madrileño (hace 34 años que vive en la capital de España). Este año cumple 40 años de casado con una gallega, quien lo sigue aguantando (él lo admitió). También tiene dos hijos reconocidos  y lo que más ama en este mundo: su colección de etiquetas, perdón digo, su nieto de once meses. Sinresaca decidió entrevistar José Luis para conocer sus alrededores y los detalles de su hobby.

¿Toda la vida consumió vinos?
No te pases. El primer año, teta. Luego tuve unos añitos a biberones, ninguno de vino y a partir de los 21, me desquité. No era bebedor de vino lo mío era en aquella época cuba libres de ginebra, gin-tonic, vino en las comidas y copita de Cointreau (una guarreria). Después de comer pero que me sabía y me sigue sabiendo a gloria bendita. Tienes que tener en cuenta que a partir de los 21 años mi trabajo era el de inspector de Banca. Estaba continuamente viajando por todo España, íbamos en equipo dos o tres compañeros  y cuando salíamos de trabajar, como vivíamos en hoteles, no teníamos que dar cuentas a nadie. Así que la noche era nuestra.  

 ¿Alguna vez se puso borracho?
Nunca. He tenido la habilidad de darme cuenta que una copa más me lo iba a hacer pasar mal y me dedicaba a tomar tónicas. Cuando veía que podía tomar alguna copa mas, tanteaba y seguía con gin-tonic o solamente con tónica. Según me encontrase. Controlar es muy importante.

 Sobre la colección, ¿Qué opina su mujer? ¿Algunas veces han peleado a causa de su colección?
Esto te lo contesto rápido. NO ME HACE NI PUTO CASO.

 ¿Ella participa?
También te lo contesto rápido. NO ME HACE NI PUTO CASO.

 ¿Alrededor de cuantas etiquetas tiene hoy en día?
Tengo más o menos unas 80.000 etiquetas. Lo importante no es la cantidad de ellas que tenga en mi colección. Para mí lo importante es " MI OTRA COLECCION”. Te explico, hago dos colecciones: una de etiquetas con menos de 50 años hasta nuestros días y la otra, que es "la niña de mis ojos" con más, como mínimo, de 50 años de antigüedad. Más o menos desde 1850 hasta 1950. De estas últimas calculo que tendré unas 5.000.

 ¿Cuándo descubrió el mundo de las etiquetas antiguas?
Me enganché al ver un lote de 400 etiquetas, todas antiguas, que compre en la Plaza Mayor y que me vendieron por 150 euros, pero si me hubiese pedido 3000, las hubiera comprado porque hoy esas etiquetas no tienen precio. Me las vendió un señor que las tenia de su abuelo que coleccionaba.

 ¿Cómo y dónde se consigue reunir estas joyas?
De muchas formas, las modernas se intercambian con otros coleccionistas, se solicitan a bodegas, se sacan de las botellas, se compran en mercadillos, etc. Pertenezco a la asociación española etiquetas de vino (AECEV), donde también intercambio con los socios. Las antiguas, naturalmente, son más difíciles. Se consiguen a base de contactos, con personas que estén relacionadas con el comercio de papel antiguo, bodegas cerradas, muestrarios de representantes tanto de bodegas, como de graficas, libreros… no sabes lo que se puede encontrar en libros antiguos. Los antiguos coleccionistas sacaban las etiquetas de la botella y las metían en los libros de aplanarlas. Hay que hacer también muchos kilómetros y no tener mucho cariño al euro, pero la satisfacción de encontrar una pieza buena no tiene precio. Hace poco marqués de Murrieta me ha hecho una magnifica aportación con etiquetas de 1879.

 ¿Alguna que le haya costado mucho conseguirla?
Mira te cuento: se celebraba en Madrid una Feria de Papel Antiguo, curioseando entre los puestos descubrí 8 etiquetas del siglo XIX muy valiosas. Muy a pesar mío, y después de mucho regatear, abandone la idea de comprarlas ya que su precio era muy desorbitado. Me fui a casa, pero esa noche no pude dormir, pensando en esas joyas. Así que al día siguiente allí me presenté otra vez, a primer hora de la mañana. Ahora están en mi colección.

 ¿Adónde y como fue el viaje más largo que hizo por una etiqueta?
He viajado por todo el mundo pero nunca motivado por las etiquetas. Ten en cuenta que lo que yo busco son etiquetas muy antiguas y preferentemente españolas. En España si que he viajado mucho, especialmente a Jerez de la Frontera (Andalucía) en donde se encuentran las piezas más bonitas y valiosas. Tan importante es, por no decir mucho más, la gente que conoces y el trato que recibes de ellas. Dentro de mi experiencia en la vida, jamás he conocido gente tan entrañable como los coleccionistas de etiquetas.

 Con tanta experiencia. ¿No ha pensado en crear algún modelo de etiqueta?
Al no dedicarme a la comercialización del vino, nunca he tenido necesidad de ello. He sido muy aficionado a la fotografía. Si entras en mi web y pinchas en fotografías veras, entre tantas fotos, a una chica (mi mujer) con una pajarita. Siempre he pensado que sería una buena imagen para recordar un buen vino. Fue primer premio en la Bienal de Milán. La imagen (en vez de letras) en una etiqueta hace recordar mejor el vino. Especialmente si este es de calidad.

¿Alguna bodega se le ha acercado para preguntarle por alguna etiqueta u otro motivo?
Es una de las grandes satisfacciones, por lo menos para mí, del coleccionismo. Continuamente me escriben nietos y biznietos, de bodegueros ya desaparecidos, que han visto en mi web etiquetas de sus familiares. Normalmente les envío fotocopias en color de las etiquetas que tenga de esa bodega. Establezco unos contactos muy interesantes y entrañables.

¿Se le puede poner un precio monetario a su colección?
Como todas las cosas en la vida, existe la oferta y la demanda. En el caso del coleccionismo de etiquetas, es un tipo de coleccionismo minoritario, pero siempre existe alguna persona caprichosa que te ofrece dinero por la colección. Por ejemplo, me llamó un médico de Sevilla ofreciéndome 75.000 euros. He tenido otras ofertas más o menos parecidas pero nunca me he decidido a venderla. Disfruto mucho con ella y para mi ese es el autentico valor. Nunca he hecho números de lo que me he gastado, pero de lo que si estoy seguro es que la felicidad que me aporta compensa todo el dinero que me puedan ofrecer.

¿Que le gustaría que pase con su colección una vez que usted no la pueda continuar?
De momento les he dicho a mis hijos que no se les ocurra venderla. Resucito y se enteran. Me gustaría que la continuasen. Les he dicho que no la repartan. Que siga junta. Solo venderla en un caso de extrema necesidad. Ojala no llegue nunca. Tengo un nieto, pero es muy pequeño para convencerle que la siga. Yo no me voy a enterar, pero me gustaría que siguiesen con ella.

 ¿Cuánto ha llegado a pagar por una etiqueta?
No se puede decir. Se enteraría mi mujer.

 Ultima bolilla:

·         El mejor vino tinto: Vega-Sicilia "Único" Cosecha 1.960 Con esta etiqueta empecé mi colección. El vino fantástico. Ese día tocó caracolada (caracoles con salsita picante) Impresionantes.

·         El mejor vino blanco: Albariño - Pazo de Señorans - Añada 2.004. Tomada estas Navidades en Orense (Galicia). Buenas ostras. Estoy en Madrid y solo recordarlo se me está haciendo agua a la boca.

- Para conocer más sobre este cálido personaje no dejen de visitar su página, ahí podrán encontrar los detalles de su colección y mucho más sobre él.
http://www.etiquetas-de-vinos.es/

sábado, 26 de noviembre de 2011

"Hay mucho esnobismo en el mundo del vino, eso aleja a más de uno"


Fue por pura curiosidad. Se propuso dedicarse a lo que le gustaba y lo logró. La primera gota de alcohol que él se acuerda a ver tomado fue en la primera clase del curso de sommelier. En la actualidad marca un estilo a la hora de expresarse sobre el mundo de las bebidas alcohólicas. Encontró su lugar: Un estilo moderno, con insignias propias. Mariano Braga, con tan solo 26 años, conoció casi 60 países, donde en más de una oportunidad sus ojos se deslumbraron al ver alguien hablar de algo tan simple como una bebida. Es así como se graduó en comercialización y mezcló esos estudios con su pasion por los vinos. Hoy trabaja para medios argentinos (editor de Wine+), peruanos (Sommelier) y mexicanos (Liverpool), entre otros. Un distinto en la materia habló con Sinresaca y nos contó un poco de su vida.

- Te criaste en Carlos Casares, Provincia de Buenos Aires, ¿Cómo y alrededor de quien creciste?
- Exacto. En realidad nací en Capital Federal pero desde los 8 meses (y hasta los 18 años) viví en Carlos Casares, una ciudad bastante chica del oeste bonaerense. Me crié con mi hermano (3 años mayor) y mis viejos. Me crié de maravillas, curiosamente, en un hogar completamente abstemio.

-Supongo que en tu adolescencia eras de tomar alcohol con amigos antes de salir o durante la salida, ¿pensaste en ese momento alguna vez terminar dedicándote a lo que haces hoy?
- Que tenga recuerdo, mi primera copa de vino la tomé en la primera clase de Introducción a la Sommellerie, el primer lunes de mi cursada. Aunque cueste creerlo, no me acerqué al mundo del vino por el vino en sí, sino más bien por conocer del tema. Cuando nos juntábamos con amigos hasta ese entonces era el que tomaba agua o gaseosa. El aburrido del grupo, completamente. Igual, con los años intenté recuperar el tiempo perdido.

- ¿Cómo se te ocurrió juntar tus estudios en comercialización y tu interés por el vino?
- Resulta que en el segundo año de mi licenciatura sentí la curiosidad de meterme a estudiar algo relacionado con los vinos. Al principio fue pura curiosidad, e intercalaba las cursadas de ambas carreras. Después el terreno del vino terminó ganando espacio y como yo siempre entendí al mundo del marketing como un complemento a prácticamente todo, me pareció interesante mixearlos.

- ¿Hubo algo o alguien que te dio el pie para entrar al mundo del vino?
- La verdad, no lo sé. En mi casa no se bebía vino, yo no tomaba vinos (ni cervezas, ni sidras, ni destilados, ni…) pero había una manía que tenían mis viejos que derivó en el tema de los vinos. A ellos les encanta viajar, y desde chicos nos llevaron a recorrer el mundo junto con mi hermano. Así, en épocas en donde acá en Argentina se hablaba muy poco del tema, en cruceros, grandes hoteles y restaurantes de prestigio de otros países, el vino y el sommelier eran casi estrellas. Ahí me quedaba horas escuchándolos hablar. No podía entender cómo con simplemente beber un líquido se podía averiguar la procedencia, el cepaje, la añada o su elaboración. Era admiración, claro, y por eso un día frente a la computadora, cuando tenía 19 años, me metí en Google, escribí “sommelier” y empecé con todo esto…

- Viajaste mucho por tu corta edad, ¿algún recuerdo que tenga que ver con tu profesión?
- Bueno, definitivamente tengo que culpar a los viajes como partícipes necesarios de mi incursión en el mundo del vino. Muchos destinos los descubrí sin estar inmerso en este tema, pero también muchos otros los conocí con un wine map en mano. Los recuerdos son siempre maravillosos, porque el vino te regala esa posibilidad. En algún punto el vino funciona como el mate, es una magnífica excusa de encuentro.

- Aunque en el último tiempo se empezó a mostrar de otra forma también, ¿Por qué pensás que popularmente el mundo del vino se ve como sofisticado, como de elite?
- Acá creo que el conocimiento tuvo mucho que ver con esto. Es decir, si escuchamos a un sommelier rezar un rosario de descriptores aromáticos imposibles de identificar, entonces el consumidor asume que el vino no “se ve” sofisticado, sino que realmente lo es.
Lamentablemente hay mucho esnobismo en el mundo del vino, y parte de esa actitud es la que ha alejado a tantos y tantos que se recluyeron en otras bebidas.

- Trabajás para medios de diferentes países, ¿Cuáles son las grandes diferencias que hay entre unos y otros?
- Las estructuras de los mercados son muy distintas. En Argentina tenemos la dicha de producir mucho vino pero eso, paralelamente, hace que las importaciones sean las excepciones. En países como México o Perú, en cambio, la industria tiene etiquetas de todo el mundo compitiendo a iguales niveles de precio. Eso abre el juego mucho más y multiplica la complejidad de la estructura competitiva.

- Le das un sentido más entretenido al mundo del vino, ¿alguna vez te ha pasado que personas tradicionales han juzgado tu forma de manejarte?
- La verdad, nunca nadie me ha dicho nada de forma directa. Trato de ser amigable con el vino porque a mí, además de apasionarme, me divierte. Esa diversión es la que trato de transmitir.
Me encanta tomar vinos carísimos, pero también me fascina filmar una cata de vinos en tetra. La gran mayoría de los sommeliers con los que hablo del tema se horrorizan. A mí me divierte, y me parece que está buenísimo llevar al vino a un ámbito más terrenal.

- El saber tanto sobre vinos, ¿ayuda, digamos, a la hora del levante?
- Mirá, yo creo que el conocimiento es seductor. O sea, saber de vinos, de ingeniería nuclear o de historia del cine suma puntos, siempre. El tema es que el vino tiene una cuestión extra que es ésta relacionada con la “sofisticación” que hablábamos al principio.

- Si tuvieras que definir lo que significa el vino en tu vida, ¿Qué dirías?
- Un hobbie que practico con pasión y que, afortunadamente, lo pude convertir en mi trabajo.

- ¿Cuándo, cómo y por qué sobre tu última vez que terminaste borracho?
- Ésta va a ser la respuesta más aburrida de todas las que te hubieses podido imaginar. Como sommelier siento de verdad que tengo que hacer un culto por el vino; que hay pocas cosas tan fantásticas como disfrutarlo, pero que disfrutarlo sin responsabilidad es un atentado a la causa.

- ¿Es un delito ponerle hielo al vino?
- Jamás escuché que encarcelaran a alguien por eso, aunque cada vez que mi viejo le pone soda al mejor vino que descorcho con él (cuestión que hace a diario), me pregunto por qué no se pena tal actitud. La verdad, el vino hay que disfrutarlo. Como sea, con quien sea. Solo o con amigos, con jugos, gaseosa, agua o completamente puro. Diversidad de criterios… aunque admito no ponerle hielo.

- ¿Algún mito urbano sobre el vino?
- Uhhhh, muchísimos. Que todos los vinos mejoran con el tiempo, que el tinto se toma a temperatura ambiente, que los pescados necesariamente exigen acompañarse con blancos.

 ¿Qué proyecto tenés para el futuro?
- Por empezar necesito terminar El Desafío 2011 (un reto en el que me propuse catar 2011 vinos a lo largo del año). Empezó el 1° de Enero y termina el 31 de Diciembre a las 00 horas, y ya estamos rozando las primeras 1800 etiquetas… así que aún tengo un camino por andar. En el plano personal, en Septiembre me casé después de 11 años de novio, así que este 2012 seguramente llegue de la mano de una familia ampliada.

Ping pong:

  • Mejor vino tinto: Me inclino por el D.V. Catena Malbec-Malbec, un gran exponente argentino.
  • Mejor vino blanco: Yo soy un amante del Torrontés y del Sauvignon Blanc, así que yo me inclino por el Montesco Agua de Roca Sauvignon Blanc 2011, una novedad que el enólogo Matías Michelini lanzó hace poquito y que me volvió loco.
  • Mejor vino en cartón (dentro de los populares del mercado argentino): Elegiría alguno de la bodega Cooperativa La Riojana. El Viñas Riojanas Torrontés creo que es imbatible.
  • Mejor vino rosa: Es difícil elegir un rosado argentino que salga de la media. Hay muy buenas cosas, pero ninguno que realmente sea un destacadísimo. De cualquier manera, el Crios Rosé, de la bodega mendocina Dominio del Plata, es muy interesante.
  • Mejor trago que lleve vino: Mimosa, porque es simple y súper efectivo. Una parte de jugo de naranjas y otras dos o tres de espumoso (de acuerdo al gusto personal). A mí me gusta reemplazar el jugo de naranjas por jugo de pomelo, y elegir un espumoso Demi Sec para que no moleste la acidez.

Para conocerlo más: http://www.marianobraga.com

    miércoles, 16 de noviembre de 2011

    “Encontrá el trabajo que amas, luego nunca más tendrás que trabajar”

     
    Christian Delpech nació en Buenos Aires el 25 de febrero de 1977. Nunca soñó con hacerse uno de los bartender más exitosos del mundo. De hecho, como adolescente, estuvo más interesado en la entrada de publicidad y el control de comercialización. Pero en 1995, vio la película Cócktail, en la cual Tom Cruise y Bryan Brown se hacen famosos en Nueva York por lanzar botellas y hacer bromas. En ese momento, empezó a interesarse por este pasatiempo. Pasatiempo que luego se convertiría en su pasión y trabajo. Christian acredita su éxito a ser decisivo y enfocado a la práctica de su arte que consigue con mucho entreno y esfuerzo. Su lugar de trabajo es el mundo aunque su mayor éxito los consiguió en Estados Unidos. El tiempo libre lo disfruta con su esposa y su niño, y participando en acontecimientos especiales. Ha dedicado la mayor parte de su vida al mundo del cóctel y el Flair Bartending. Por ello ha ganado el campeonato del mundo 17 veces y varios torneos de Flair a nivel mundial. Hoy se encuentra instalado, una vez más, en Buenos Aires, pero no sabemos si sus ganas de seguir demostrando lo harán viajar de nuevo.

    - Para definir bien a que te dedicas para esas personas que no saben, ¿Cómo lo dirias?
    - Lo definiría como un barman con onda. Hacer un show para servir. Malabares, saber las medidas y tener mucho concentración para que el cliente a la hora de pedir algo para tomar también disfrute de un show en el momento. También, obvio, es fundamental que el trago este bien. Una vez que te destacas en una barra, te anotas en competencias. En mi caso particular me guie por una frase: “ “encontrá el trabajo que amas, luego nunca más tendrás que trabajar”
      -¿Te imaginabas  llegar al lugar que hoy ocupás en el mundo del flair bartending?
    -
    Realmente nunca me propuse una meta, como ser campeón del mundo o algo así. La razón es simple: en mis comienzos, te hablo del año 95, no habían campeonatos ni torneos de la importancia que hay hoy, o en todo caso eran muy pocos. Pero bien pensado sí, creo que tuve un sueño "Algún día -me dije- voy a trabajar en Las Vegas" y también me propuse, también algún día, tener mi propio bar. Y lo voy a hacer. Por ahora... bueno, estoy por la mitad.

    - Estas con el proyecto del bar propio, lo lógico sería que sea uno bastante especial…
    -Y sí, uno quiere que resulte algo especial, ¿no? Yo me siento y actúo muy profesionalmente y no pienso que necesariamente tenga que ser una cosa lujosa, me gustan las cosas bien, lo bien hecho, los buenos resultados.


    - ¿tuviste algún modelo a seguir, alguien que te impactó?
    - Modelos no, yo empece a estudiar por culpa de Tom Cruice, cuando vi la película Cocktail. Pero sí aprendí por ejemplo a competir con Alan Mays y Bill Long, dos leyendas americanas del flair, y entrené con ellos. Pero también ya entrenaba aquí, en Argentina, allá por los 1995, con Marcelo Benítez, que es el primer showbarman argentino y el primero en enseñar de qué se trataba esto.


    -Mas allá de la profesión,  ¿tenés algún famoso como modelo de vida?
    - Lo que sí siempre tuve como modelo fueron deportistas, o gente con mucha determinación en lo suyo, qué sé yo, deportistas como Michel Jordan, como Diego, gente de garra que sabe lo que quiere y trabaja durísimo para eso, ¿no?. Como flairbartender acá en Argentina, yo mismo fui uno de los primeros, no había nadie compitiendo afuera como para yo decir voy a seguir a esta persona a ver qué o cómo lo hace.

    -¿qué diferencias notables podrías establecer de aquel flair de los 90, y lo que se ve ahora ¿?
    - La diferencia podría decirse que está en un punto: los chicos aprenden ahora muchísimo más rápido. Tienen dvds, videos para mirar continuamente y en la web se encuentra mucho material también, por lo que todo es realmente más acelerado que en la época cuando nosotros empezamos. En aquellos tiempos no había de dónde sacar movimientos, no había de dónde sacar cosas. Todo se basaba entonces en la creación, y la creación lleva más tiempo, es inevitable. Entonces la gente ahora gana nivel rápidamente, el nivel propiamente dicho es mucho más alto, se hacen mejores cosas con la música, el show es mejor, más brillante y explosivo, la gente es más carismática, se trabaja en todo eso.

    - ¿Esa película de Tom Cruise quedó en bajo nivel de showbarman?
    -  Y sí, se vería lo que hoy aprende una persona en un día...


    - Viendo los de chicos de la actualidad, buscando avanzar en la especialidad en todo el mundo, ¿es una moda que en algún momento caerá, o se mantendrá?
    -
    Creo que esto va a seguir porque la tendencia está marcando eso... Lo que se ve, además, es que está creciendo y en muchos lugares crece cada día más. En Argentina tiene su crecimiento, el fenómeno es igual, Acá hay muchísimo material humano. Sin ir más lejos los mejores flairbartenders del mundo están acá, en Argentina. Pensá en esto: si hoy por hoy hubiese una Copa Davis de flair y tuviéramos que elegir cinco, diez bartenders para competir, bueno, no podríamos perder nunca. No, no podríamos perder.

    -  Cuando desarrollás una rutina nueva, qué punto requiere para vos mayor concentración y trabajo? ¿Le das, por ejemplo, mucha importancia a la parte física?
    - Sí, sí, hay que ir al gimnasio, la parte física juega en el conjunto. Si uno se ve bien físicamente, se sentirá sicológicamente bien y va a tener un alto grado de plenitud en lo que hace y sabe que todo eso se verá mejor en el escenario. Eso se refleja mucho en la rutina o en el show que le dará a la gente y la gente lo percibe claramente. Todo es importante, el estado físico, el nivel de entrenamiento con los movimientos, si salen, si no salen, cómo uno arma la rutina, de principio a final, cómo pone la música, etc. etc. Hay muchos factores que juegan para ganar a nivel alto, incluyendo cosas nuevas, las que se te pintan cada día.

    - ¿Incluirías la alimentación, el estilo de vida?
    - Sí, por qué no. O sea, claro, si vos querés llevar las cosas al máximo nivel, sí, sin ninguna clase de dudas. Una buena alimentación, una buena dieta supone una elevación del estado físico, un verte y sentirte mejor, cosas que inevitablemente se reflejarán en el trabajo.

    ¿Hay diferentes estilos en esta disciplina?
    - El estilo es precisamente aquello que te hace destacar de todos los demás. Es la diferencia. Hay mucha gente que puede realizar los movimientos que yo hago pero no le va a salir como eso sale de mí. Es lo que profundamente uno pone. Uno debe preparar sus rutinas de un modo parecido al baile, algo así. Todos bailamos pero todos somos diferentes al hacerlo, cada quien es uno mismo cuando baila. Ser uno mismo. La clave del estilo está en ser uno mismo. Cómo muevo las manos, cómo las estiro, cómo las contraigo. Me muevo para un lado, me muevo para el otro. Es una coreografía propia e intransferible, forma parte de uno mismo y es lo que hay que poner en escena, ¿no?. Es tremendamente importante.

    - ¿Qué características son, hoy por hoy, las más importantes para competir? ¿La velocidad, el estilo, la dificultad, la originalidad?
    - La suma de todas esas características, el conglomerado completo. Si bien, dependiendo del torneo, hay diferentes formas de puntuación, no podés dejar afuera a ninguno de los condicionantes.

    -
     Ya estamos terminando. ¿Qué le dirías a un chico, a una chica que empiezan, que están logrando sus primeros aciertos y también sufriendo sus primeros errores? Que mira tus videos.
    - Mhh (piensa unos largos momentos) Les diría que está bien que traten de imitar en un principio, aprender de otro no está mal. Por el contrario, es la manera más rápida de aprender. Se adquieren las bases, los movimientos básicos y clásicos. Pero más tarde, cuando esto ya se obtuvo y hay destreza suficiente, ahí no. Ahí comienza a pesar el estilo, lo que fluye de uno, lo más importante que hay que encontrar. El modo de moverse, de mirar, casi. Como te mencioné antes, el estilo es decisivo. Es como la personalidad, la naturaleza, el carácter de una persona, todo junto. Todo eso transmitido al flair es el estilo.